MILES DAVIS

miles-davisPaseaba por Nueva York en una noche gélida, cuando de repente escuché unas notas musicales suaves y melódicas, procedentes de una trompeta con sordina de acero, seguí su rastro hipnotizador, dejándome llevar por la estela sonora, hasta llegar a su procedencia, unas escaleras que conducían a un sótano, y supe de inmediato que era lo que buscaba al ver un cartel con luces de neón medio fundido que decía .AZZ, la jota no se iluminaba. La música me arrastraba sin darme opción a cambiar de rumbo, bajé los peldaños lentamente observando el interior del local tras los cristales empañados, de polvo y de escarcha, apenas se veía nada, mi curiosidad por ver quién tocaba era tal que abrí la puerta y el sonido aumentó en decibelios, escapando de la clandestinidad, me adentré esquivando la espesa niebla de nicotina que apenas me dejaba ver, y poniendo mi mano a modo de visera conseguí tapar el haz de luz cegador del cañón que me impedía ver al virtuoso trompetista. El garito era más grande de lo que parecía por fuera y su ambiente era auténtico de los años cincuenta, aunque estábamos en los ochenta. Los presentes en la sala estaban abstraídos, con los ojos cerrados para captar mejor el sentido de las notas, y moviendo sus cabezas al unísono – como el balanceo de la cabeza de un perro de los que se pegaban antiguamente con una ventosa en el cristal de los coches y llevaban el compás todo el viaje con o sin música-. Parecía que no había pasado el tiempo, todos tenían aspecto de artistas bohemios, -con atuendo negro, por supuesto-. La camarera vio en mí un posible consumidor y rápidamente me ofreció una mesa, me preguntó al oído con voz dulce y suave qué quería tomar, y le pedí un vino español, le señalé gesticulando a modo de pregunta quién era el trompetista, y con una gran sonrisa blanca que diseñó en su tez oscura me dijo, “ The angel of the blue ones”, asentí con la cabeza y supe de inmediato su identidad, no le había visto bien, y al enfocar mejor mi mirada le vi como siempre a pesar de los años, sensual, guapo y con una personalidad de movimiento al acariciar su instrumento arrebatadora, y para disipar toda duda que me quedara comenzaron unos acordes de una de sus mejores canciones, “so What” del disco “Kind of Blue”, y cerrando los ojos, y con movimiento canino de cabeza, me deje llevar absorta por la composición. A su término, en los aplausos, abrí los ojos y me encontré tumbada en mi sofá y con los auriculares puestos escuchando el CD de Miles Davis, que me había regalado mi pareja.

María José Cárceles

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~ por anarama en 03/02/2009.

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