YO, LECTORA

Abrí la puerta, y elevando mi cabeza  apoyada en el eje de mi cerviz en un contraplano de panorámica  infinita escaneé con la mirada su elegante traje a rayas (de corte sastre hecho a medida), hasta llegar a su cara, era guapísimo, parecía Tyrone Power, tan alto, tan elegante, que me quedé con la boca abierta hasta que me dijo: ¡Guapa ( en ese instante creí desfallecer) está tu papá o tu mamá,(aaah, dije casi babeando) nenita, anda, avísales que no tengo todo el día,-en ese momento el eje de mi cuello debió de romperse, pues bajé la cabeza con tanta velocidad que me vi. reflejada en sus impolutos zapatos de charol color azabache, y rompiendo el hechizo del reflejo pasó por delante de mis narices su maletín de cocodrilo africano- (bueno yo creí en ese instante que era africano porque hacía juego con los zapatos, y en las pelis, los cocodrilos son marrones, no negros),

Dos horas y media más tarde aún estaba más embobada oyéndole  hablar con mis padres, y de ver cómo con su labia consiguió hacerles firmar un super pedido de libros forrados en cuero azul marino, con grabados en oro en las pastas y parte del interior, pero eso era lo de menos, lo mejor era saber que mis padres cuando nos leyéramos todos esos ladrillos de tomos le volverían a llamar, y yo tendría la oportunidad de verle de nuevo. Dicho y hecho, me dejé parte de mis horas de juego en la calle con los amigos  para ponerme manos a la obra, y leí, leí y leí todo lo que trajo, y así hasta que mis padres lo llamaron para hacer el siguiente pedido, y llegó el día, sabía que era él porque habían llamado de la editorial avisándonos la visita de su representante, por supuesto al oír el toc, toc del picaporte me ofrecí voluntaria para abrir la puerta,  y corriendo y casi sin aliento, deslicé el pestillo de  golpe y abrí, dije hola con rapidez,  me quedé enmudecida, y el gesto de la cara me cambió al comprobar que no era él, aquella figura era…un comercial desastroso, al que mis padres hicieron un nuevo pedido, pero porque éste les dijo que su compañero les mandaba recuerdos, y que sentía mucho no poder venir en persona; mis padres contentos por la misiva que les traía el pajecillo sin estilo, decidieron darle su voto de confianza y aumentaron nuestra biblioteca con otra colección de obras, por supuesto forradas en cuero (esta vez color chocolate) y con las letras en oro. Mi desasosiego era tal que decidí volver a mis actividades callejeras, y lo mejor, me di cuenta que también  tenía tiempo para la lectura, y a partir de ese momento fue mi mayor aliada, con ella encontré la libertad, me evadía del mundo y me adentré en mil y una aventuras.

Lo mejor de ser lectora es que aparte de llenarte la cabeza de sabiduría, de imaginación, de pájaros… te das cuenta que comienzas a tener criterio propio, piensas por ti misma, y ya no lo puedes dejar, y como si de una droga se tratara, se convierte en un placer diario.

Desde pequeña recuerdo en mi casa la lectura como algo habitual, leíamos libros infantiles y de aventuras, y los Reyes Magos no fallaban, siempre traían libros extras para leer durante mucho tiempo, por eso cuando ese día apareció él es como si me hubiera hecho mayor, descubrí un mundo que nunca había sospechado que existiera, conocí a los Dumas, nunca lo olvidaré, fue como pasar de niña a mujer, pese a que sólo tenía once años mi vida cambió, los libros me enseñaron a tener una mente más abierta,  libre, y me gustaban tanto que cada vez le otorgaba más tiempo a la lectura, y no estaba dispuesta a perder ese hábito.

La biblioteca familiar fue creciendo en libros maravillosos, y he de decir que también hice trampa, pues cuando trajeron El Decamerón, Las Mil y una noches, e incluso el Antiguo Testamento (por supuesto acompañado de la Biblia), los leí sin que mis padres se enteraran, fue una pasada, que aún hoy no puedo describir (por desgracia años más tarde unos ladrones chapuzas nos robaron los libros y parte del resto de la casa, espero que les sirviera para aprender a leer).

Tengo que añadir que la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451, y la película del mismo título dirigida por François Truffaut, me impresionaron mucho, y aunque yo era muy joven me horrorizó la idea de que alguien fuera capaz de hacer realidad un argumento semejante, con el pretexto de hacer feliz a la gente, y por supuesto de evitar que las personas tengan un pensamiento libre. Con 1984, de Orwell, Nosotros de Zamiatin, Un Mundo feliz de Huxley, me ocurrió algo parecido. He leído todo tipo de libros, y la variedad temática me encanta. Mi lista de libros y autores favoritos es tan extensa que prefiero no ponerla.

Los libros me han dado muchísimo, de hecho son la mejor compañía.

 

                                                                                             María José Cárceles      

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~ por anarama en 28/09/2008.

2 comentarios to “YO, LECTORA”

  1. Y a mí que esto, o algo parecido a esto, me suena habértelo oído leer antes, María José

  2. Me refería exactamente a eso: alguna tarde, en el Taller de Lola, te oí leer este texto o algún otro parecido a éste.

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